Sus
padres Juan Moye, agricultor y director de correo, y su madre Catalina Demange
antes del nacimiento de su hijo en un sueño le fue revelado a la piadosa madre que este seria un Santo.
Juan Martín, desde temprana edad, manifestó predestinación a la santidad.
Fiel imitador de los ejemplos de su madre, revelo inclinaciones por la virtud: le gustaba el recogimiento y la soledad.
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